viernes, 5 de septiembre de 2014

Un 4 de Setiembre de 476



Un día como hoy pero hace 1538 años, amanece por primera vez en la historia la ciudad de Roma sin un emperador. El 4 de septiembre del 476 d.C. (1229 a.U.c.) es depuesto Romulo Augustulo como el último emperador romano de occidente. Fecha la cual muchos historiadores dan por finalizada la Edad Antigua e inicios de la Edad Media. Fue el fin de una era, 1229 años después de que Roma fuera fundada, termina su dominio político y militar en el occidente europeo. Ya no había un emperador gobernando en Occidente, por consiguiente se da por entendido que la mitad occidental del Imperio Romano había dejado de existir, pero en realidad no era así.

Desde el año 396 el Imperio Romano había sido dividido en 2 mitades para su mejor administración, con el tiempo ambas mitades comenzaron a alejarse cultural y políticamente, e incluso a rivalizar. Cuando la mitad occidental cayó, la oriental asumió su control político  (al menos en teoría). El imperio utilizó a los Reyezuelos Germánicos como delegados y funcionarios administrativos del Imperio Oriental en Occidente, así se mantendría por siglos, pasaría mucho tiempo antes que la gente de Europa Occidental admitiera que el Imperio Romano Occidental ya no existía.



Como nosotros defendemos culturalmente de la parte Occidental de Europa, tendemos a ignorar  la continua existencia de la mitad oriental del Imperio Romano, que continuo existiendo por casi 10 siglos más. Pero su capital ya jamás nunca sería Roma, sino Constantinopla y con el tiempo más bien Roma se convertiría en centro de oposición a Constantinopla.

En Occidente sobre las ruinas de la civilización romana nacieron los Reinos Germánicos, quienes en poco tiempo absorbieron la cultura latina, así como sus leyes, costumbres y la religión. Hasta fusionarse latinos y germanos para así formar el gen del actual pueblo europeo moderno.
De todas las tribus germánicas que invadieron el Imperio Romano, solo una sobrevivió a la historia, fueron los francos, eran los más rudos, los más brutales y los más incivilizados y sobre sus musculosos hombros descansó el futuro de Europa Occidental y de las actuales naciones de Francia y Alemania.
Roma ya no volvería a gobernar sobre Europa, al menos no políticamente, sino espiritualmente, convirtiéndose en una ciudad llena de templos dedicados al nuevo Dios cristiano y en cementerio de los viejos Dioses del pasado ya olvidados… aunque nunca enteramente.